Carlos Fernández-Vega: México SA

Written By Unknown on Kamis, 27 Juni 2013 | 14.21

C

omo no ha entendido nada y las experiencias se las pasa por el arco del triunfo, el obtuso Congreso estadunidense vuelve a la carga con más de lo mismo: otro multimillonario presupuesto antiinmigrantes (3 mil 200 millones de dólares), 20 mil agentes fronterizos adicionales, nuevos equipos de detección y vigilancia, cámaras, vehículos, drones, helicópteros y, para redondear, más barda y centenares de kilómetros de alambradas. Así, según los promotores de la nueva enmienda, aquel que intente atravesar la frontera será detectado, de día o de noche, llueva o truene.

Pasan los años y los inquilinos de la Casa Blanca, y los amistosos vecinos del norte se niegan rotundamente a aceptar la realidad: ningún muro, por alto y largo que sea, contendrá el río humano mexicano, por la sencilla razón de que el hambre es infinitamente más alta que cualquier valla, y la historia, junto con 12 millones de paisanos, lo documenta perfectamente; además, por más tercos que sean y por más presupuesto que destinen, la única forma de regularizar y humanizar el flujo migratorio es por medio de un acuerdo bilateral que tarde que temprano deberán negociar con el gobierno mexicano, ante la obviedad de que la mano de obra nacional no sólo es necesaria para la economía gringa sino que su demanda es creciente, y de ello da cuenta el voluminoso envío de remesas que se ha convertido en uno de los principales salvamentos de las familias de los migrantes y, de paso, de la balanza de pagos. ¿Qué haría la economía del norte sin la mano de obra mexicana?

Durante décadas gobierno y Congreso estadunidense denunciaron la vergüenza del Muro de Berlín (115 kilómetros de extensión); gritaron a los cuatro vientos que aquel fue un horror, y por lo mismo exigieron su demolición en aras de la libertad. Y mientras eso sucedía, en su territorio comenzaron a planear y construir el muro más largo (más de 3 mil kilómetros de largo) e ignominioso del mundo, justo en la frontera con México, un horror y una vergüenza para el mundo libre. Si Erich Honecker fue un dirigente de ideas fijas, los gringos lo superaron con creces. Sería muy interesante ver a todos aquellos que reclamaron y lloraron por el muro berlinés que hoy hicieran lo propio con el llamado muro de tortilla (más Ceuta, Melilla, Franja de Gaza, Cisjordania y los que se queden en el tintero, sin olvidar el bloqueo a Cuba, que ya cumplió medio siglo), símbolo colonial.

El gobierno peñanietista respondió suavemente. Dijo estar "convencido de que las bardas no unen, no son la solución al fenómeno migratorio, y no son congruentes con una frontera moderna y segura (¡¡¡!!!). No contribuyen al desarrollo de la región competitiva que ambos países buscamos impulsar… La frontera se ha convertido cada vez más en un área de prosperidad regional (¡¡¡!!!) (José Antonio Meade, titular de la SRE). Y hasta allí, es decir, lo mismo –palabras más o menos– que lo humildemente dicho por los cinco gobiernos anteriores cada que a los güeros se les ocurría, y se les ocurría a cada rato, poner en práctica nuevos programas antiinmigrantes.

Cierto es que los amigous pueden hacer y deshacer lo que quieran en su territorio para impedir lo que crean pertinente, así sea inmoral, pero ¿dónde queda la buena vecindad y el gran espíritu de colaboración entre ambas naciones y el sempiternamente prometido acuerdo migratorio bilateral? Pues donde queda todo lo demás: en el discurso, y el gobierno mexicano, los de antes y el de ahora, de plano no se atreve a levantar el tono de voz, a presentar una queja formal y rotunda.

Muchos piropos por lo bien que ha funcionado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero desde su negociación, al inicio de los años 90 del siglo pasado, el gobierno mexicano debió exigir la inclusión de un capítulo migratorio en el marco del TLCAN. Todos fingieron demencia e hicieron a un lado uno de los aspectos fundamentales en la relación bilateral. El gobierno estadunidense pidió, y Salinas concedió todo. Lo menos que pudo pedir a cambio fue un acuerdo en el sentido mencionado. Pero no: fue de lo muy poco que quedó fuera de las negociaciones. Y casi dos décadas después, así se mantiene, no obstante el creciente número de mexicanos que cruzan la frontera para instalarse en el vecino país, con todo y enmiendas.

Desde el nefasto Ronald Reagan los programas federales (más los estatales) para controlar el río humano mexicano han sido rotundamente fallidos, a menos de que sólo formen parte del show, pues alrededor de 12 millones de mexicanos indocumentados y otros más de forma legal se instalaron en Estados Unidos, y si se mantienen allí es porque alguien los contrata y son altamente productivos para la economía estadunidense. Y de lo anterior dan muestra los cerca de 280 mil millones de dólares remitidos por la paisanada entre 1989 y 2012.

El capítulo migratorio no existe en el TLCAN, pero en los hechos como si lo hubiera, aunque con todos los riesgos y violación de los derechos humanos de los mexicanos que cruzan la frontera. En 1993, año previo al arranque del citado tratado, México captó 3 mil 333 millones de dólares por concepto de remesas. Dos décadas más adelante, por el mismo concepto llegaron 22 mil 446 millones de billetes verdes, casi 600 por ciento de incremento entre una fecha y otra. Y eso que el objetivo era mantener a los mexicanos en México, evitar incomodidades migratorias a los gringos y, desde luego, convertirnos en país del primer mundo.

Sucedió lo que ya todos sabemos: en el sexenio de Salinas, México captó remesas por 16 mil millones de dólares; Zedillo, alrededor de 31 mil millones; Fox, que promovió la exportación de jardineros, 92 mil millones, y el inenarrable Felipe Calderón, 140 mil millones. Ochocientos por ciento de incremento entre el primero y el último de los gobiernos citados, y en medio decenas de programas antiinmigrantes que pretendieron frenar a los mexicanos.

Entonces, ¿no sería más práctico, productivo, humano y ético sentarse a negociar un acuerdo migratorio?

Las rebanadas del pastel

Y como parte de los fallidos cuan inhumanos programas gringos, retomo algunos elementos de lo publicado en La Jornada (25 de noviembre de 2006): "una investigación de la Oficina de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos reveló que en 1977 una empresa de California (Golden State Fencing) contrató indocumentados para instalar un muro metálico en la frontera con México… Los empleó para cumplir un contrato con el Departamento de Defensa (…) y el refuerzo de la barda contribuyó a que en 1997-1998 murieran más de 350 indocumentados en el fronterizo Valle Imperial de California".

cfvmexico_sa@hotmail.com


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