Carlos Fernández-Vega: México SA

Written By Unknown on Sabtu, 17 Agustus 2013 | 14.21

C

onvenientemente minimizada por la euforia mediática que provocó la iniciativa de privatización energética que nada privatiza, la información relativa al comportamiento del mercado laboral mexicano en el segundo trimestre del presente año pasó a un alejadísimo segundo plano, como si se tratara de algo sin relevancia social ni política, cuando en los hechos es un asunto que debe estar en el centro del debate sobre el fallido modelo económico mexicano.

Como es costumbre, quienes aprobaron la reforma laboral prometieron el oro y el moro: miles y miles de empleos formales, con salarios dignos, variadas formas de contratación y drástica reducción de la informalidad, fórmulas todas que resolverían uno de los problemas más lacerantes del país: el desempleo y la desocupación, el raquítico ingreso y las nulas prestaciones.

Acostumbrados al perenne cuan ostentoso incumplimiento de las ofertas asociadas a lo que algunos llaman modernización, los mexicanos no dieron mayor credibilidad a la pomposa oferta, aunque algunos ilusos se fueron con la finta y llegaron a pensar que tal reforma algo resolvería en el desbarajustado mercado laboral en el sector formal de la economía, y de pasadita reduciría el voluminoso ejército informal. Pero, ¡sorpresa!, pasó lo que tenía que pasar; es decir, todo lo contrario a lo prometido.

De entrada, en siete meses de gobierno peñanietista (diciembre de 2012-junio de 2013) a duras penas se generaron, en números cerrados y de acuerdo con la nueva contabilidad gubernamental, 62 mil 500 empleos en el sector formal de la economía, a razón promedio mensual de 8 mil 929 plazas, o lo que es lo mismo, alrededor de 9 por ciento de lo requerido (es decir, alrededor de 100 mil cada mes). Con ello, la reforma laboral contribuyó a que en el citado periodo sólo nueve de cada cien mexicanos en edad y condición de laborar se colara al mercado formal. El resto, a la informalidad y/o al desempleo (la tercera alternativa es el crimen organizado, quien, por lo visto, va viento en popa).

La realidad nada tiene que ver con aquellos fogosos discursos en defensa de la reforma laboral y mucho menos con el fantástico paquete de promesas en ella incluida. Lo cierto es que cada día que pasa se genera menos empleo formal y más precario. Entonces, una modernización adicional que lejos de recomponer las cosas, las ha deteriorado aún más.

Justo el día en el que se hizo pública la iniciativa presidencial en materia energética (incluida la privatización del general Cárdenas) el Inegi divulgó su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) con los resultados del segundo trimestre del año en curso, y era de esperarse (¡Oh!, iluso) un registro más amable en materia de empleo y ocupación, pues ya era hora de que a esas alturas la multicitada reforma laboral comenzara a rendir los frutos prometidos.

Lejos de ello, la encuesta del Inegi reveló que el ejército de desocupados se incrementó en cerca de 120 mil personas y afectó a 5 por ciento de la población económicamente activa, de tal suerte que más de 2 millones 600 mil mexicanos se encuentran en tan precaria situación, con todo y reforma laboral. Así, entre abril y junio de 2013, cotidianamente mil 334 trabajadores engrosaron las filas de la desocupación.

El Inegi apunta que en el segundo trimestre de 2013 la población desocupada en el país se situó en 2.6 millones de personas y la tasa de desocupación correspondiente fue de 5 por ciento de la población económicamente activa, porcentaje superior a 4.8 por ciento de igual periodo de 2012. Al estar condicionada a la búsqueda de empleo, la tasa de desocupación es más alta en las localidades grandes, donde está más organizado el mercado de trabajo; es así que en las zonas más urbanizadas con 100 mil y más habitantes la tasa llegó a 6 por ciento, mientras que en las que tienen de 15 mil a menos de 100 mil habitantes alcanzó 5 por ciento, en las de 2 mil 500 a menos de 15 mil 3.8 por ciento y en las rurales de menos de 2 mil 500 habitantes se estableció en 3.3 por ciento. Según cifras desestacionalizadas, en el trimestre en cuestión la tasa de desocupación a nivel nacional creció 0.06 puntos porcentuales respecto a la del trimestre inmediato anterior (5.13 contra 5.07 por ciento, respectivamente). La desocupación en los hombres fue superior en 0.17 puntos porcentuales respecto a la del trimestre precedente y en las mujeres descendió 0.01 puntos porcentuales.

En el segundo trimestre de 2013 las entidades que reportaron las tasas de desocupación más altas fueron (en paréntesis se cita la tasa de informalidad laboral que corresponde a cada una de ellas) el Distrito Federal (49.9) y Tabasco (64.3), con 6.9 por ciento de la PEA, en cada caso: Tamaulipas (48.5), 6.3; estado de México (58.6), 5.9; Chihuahua (40.5), Coahuila (41), Guanajuato (61.9) y Tlaxcala (72.8) con 5.8, en cada una; Nuevo León (39.5) y Querétaro (44.9), 5.7; Baja California Sur (41), 5.6; y Sonora (45.6), 5.5. El campeón nacional de informalidad es el estado de Oaxaca, con 81.2 por ciento de su población en tal circunstancia, seguido por Guerrero, con 79.4, y Chiapas, con 78.2 por ciento.

Por lo que toca a la informalidad, la señora se mantiene rozagante: 59.1 por ciento de la población ocupada sobrevive en este sector, o lo que es lo mismo cerca de 30 millones de mexicanos. Por cada trabajador afiliado al IMSS, dos torean la vida en la informalidad, con todo y la moderna reforma laboral.

Dice el Inegi que otra forma de caracterizar a la población ocupada es en función de su condición de subocupación, entendida ésta como la necesidad de trabajar más tiempo, lo que se traduce en la búsqueda de una ocupación complementaria o de un nuevo trabajo con mayor horario. Al respecto, durante abril-junio de 2013 la población subocupada en el país fue de 4.2 millones de personas y representó 8.5 por ciento de las personas ocupadas, proporción menor a la del mismo periodo de 2012, que fue de 8.9 por ciento. Sin embargo, al eliminar el factor estacional, la tasa de subocupación como proporción de la población ocupada aumentó 0.05 puntos porcentuales frente a la del primer trimestre de 2013.

Las rebanadas del pastel

¿Así, o más modernizados? Pero que nadie se preocupe ni se desespere, que, con la privatización que nada privatiza, ya vienen cientos de miles (Peña Nieto dixit) de empleos formales, es decir, lo mismo que prometieron a la hora de reformar la Ley Federal del Trabajo.

Twitter: @cafevega

D.R.: cfvmexico_sa@hotmail.com


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