Carlos Fernández-Vega: México SA

Written By Unknown on Minggu, 16 Maret 2014 | 14.21

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uy contentos están en el circuito oficial, más el oficioso, porque en el primer mes de 2014 la actividad industrial del país registró un crecimiento de 0.7 por ciento respecto de igual mes de 2013. Esa sería la buena noticia, pero la real es que en 14 meses de administración peñanietista tal actividad registró nueve caídas y cinco alzas, de tal suerte que el balance es rotundamente negativo.

De hecho, como lo resume el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), que dirige José Luis de la Cruz Gallegos, es muy difícil ir contra la realidad, porque ésta termina por imponerse. El inicio de 2014 es otra muestra de ello. Hace un año México había recibido una señal de lo complicado que es ir contra la inercia si no se emprenden acciones transformadoras que tengan una incidencia oportuna en el desempeño de la economía. En 2013 México pasó de su ´momento´ a su realidad, y un crecimiento de solamente 1.1 por ciento terminó por demostrar la necesidad que tiene el país de implementar profundos cambios estructurales que incidan en la vida diaria de los mexicanos y en el entorno que enfrentan las empresas.

Y las denominadas reformas aprobadas no son suficientes, pues deben complementarse con políticas públicas que reconstruyan el sector productivo mexicano, porque de otra manera la coyuntura rebasará el alcance de las estrategias delineadas en los programas oficiales. El mejor ejemplo lo proporciona el resultado de la producción industrial de enero. En el arranque de 2014, la actividad económica de México mantiene la debilidad exhibida durante los últimos meses del año pasado. La producción industrial de enero permite constatar que sus sectores mantienen un desempeño endeble.

El IDIC detalla que el crecimiento anual de 0.7 por ciento reportado por el Inegi se dio en comparación de un incremento de solamente 0.5 por ciento que se registró en el mismo periodo de 2013. En otras palabras, la actividad industrial mexicana requiere de una política económica que atienda la desaceleración en la que se encuentra inmersa. Las manufacturas evitaron que la industria nacional cayera en cifras negativas, pues su crecimiento de 2.5 por ciento compensó la baja en el sector de la construcción (-2.5), su catorceavo retroceso en forma consecutiva. De igual manera el desempeño de la manufactura sirvió para elevar el incipiente comportamiento de la minería (-0.1) y de la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica (0.3). Así ha ocurrido a lo largo de los últimos doce meses, pero ello podría cambiar.

Aun así, el problema que se vislumbra es que el ciclo económico de las manufacturas sigue debilitándose, situación por lo cual difícilmente podrá mantenerse como el pilar que continúe impulsando a la actividad industrial. La razón es que solamente 12 de sus componentes elevaron su producción, los otros nueve contabilizaron una merma en su actividad. Cuando a lo anterior se le agrega que cinco de las 12 industrias que elevaron su producción lo hicieron en menos de uno por ciento, lo que se tiene es un escenario de desaceleración que puede generalizarse en el transcurso del primer cuatrimestre del año.

Los factores de riesgo que se consideran en el análisis público para la economía mexicana, pasan por alto el hecho de que el escaso crecimiento es un problema que ha persistido durante las pasadas tres décadas. Los resultados del PIB al cierre de 2013, así como los indicadores de mercado interno de los primeros meses del año, aunado incluso al desempeño del comercio exterior revelan un escenario de debilidad económica, pero al mismo tiempo de la necesidad impostergable de contar con una visión estratégica, que sin lugar a dudas en primera instancia resuelva los problemas urgentes del país, pero que al mismo tiempo tenga presente los mecanismos de mediano y largo plazos que permitirán resurgir a la economía mexicana. Estos lineamientos deben contener, de forma clara y específica, el rol fundamental del desarrollo industrial en la promoción del bienestar y el crecimiento económico.

Un punto crítico es que el citado desempeño positivo de las manufacturas se basó en el incremento registrado en dos industrias: metálicas básicas y transporte (fabricación de automóviles fundamentalmente), ambas crecieron 12.1 por ciento. Sin embargo, ello deja expuesto el ciclo de las manufacturas a los vaivenes del comercio exterior. En el caso del sector automotriz la elevada dependencia que se tiene respecto al consumo originado en Estados Unidos puede provocar que un debilitamiento de su economía afecte la intensidad en el consumo de automóviles, y con ello a las exportaciones mexicanas. Debe recordarse que para el mes de enero las ventas al exterior de México disminuyeron uno por ciento. Si bien las manufacturas compensaron parte de ese problema, en realidad su desempeño fue modesto, pues solamente aumentaron en 1.5 por ciento. Con ello la tendencia de las exportaciones tiene una clara tendencia a la baja.

El planteamiento de que la economía de Estados Unidos puede debilitarse no es algo lejano, apunta el IDIC, pues la contabilidad del PIB estadunidense ya registró una disminución: la revisión correspondiente al cuarto trimestre de 2013 marcó una baja de 3.2 a 2.4 por ciento, casi un punto porcentual menor a lo originalmente publicado. Por ello se debe tener cuidado con la evolución industrial de México; su elevada dependencia externa, vía el sector automotriz, puede traer malas noticias si la compra de automóviles se modera en Estados Unidos.

Además, no se puede soslayar un error que se ha cometido en el análisis de la actividad industrial en México. Se estima que la compra de insumos intermedios al exterior hace más competitiva a la economía nacional, un punto de vista de corto plazo. En el mediano y largo plazos dicha estrategia ha desarticulado a las cadenas productivas y ha mermado la calidad del empleo (al ser primariamente maquiladores). Como resultado se tiene un mercado interno débil.

Las rebanadas del pastel

Como inquilino de Los Pinos, el siempre chistoretero Ernesto Zedillo presumía que con el sistema de pensiones para el futuro, moderno, ágil, transparente y, sobre todo, justo que él impuso se encontró la gran solución social al México moderno de hoy. Pues bien, cómo estará el horno que hasta sus buenos amigos del Banco Mundial advierten que con esa gran solución social, y sobre todo justa, la mayoría de los trabajadores mexicanos no alcanza ni siquiera a obtener una pensión mínima garantizada, mientras los empresarios del ramo se hinchan de ganancias a golpe de comisiones. ¡Ah!, qué México tan moderno.

Twitter: @cafevega

D.R.: cfvmexico_sa@hotmail.com


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