Carlos Fernández-Vega: México SA

Written By Unknown on Selasa, 12 Agustus 2014 | 14.21

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El ex presidente José López Portillo, en imagen de 1979, cuando el Estado mexicano contaba con más de mil 79 empresas paraestatalesFoto Cuartoscuro

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l filo de las 11 horas de este histórico día, la sexta tanda al hilo de padres modernizadores cerrará con broche de oro la venta de garaje inaugurada 32 años atrás, o lo que es lo mismo, llega a su fin el desmantelamiento total de lo que algún día fue considerada la infraestructura productiva del Estado, hoy, íntegra, en manos privadas.

A esa hora, en Palacio Nacional, Sociedad Anónima, y con el boato que la ocasión amerita, el actual inquilino de Los Pinos promulgará las leyes secundarias de la denominada reforma energética por él mismo propuesta, y aderezada por los afanosos Niños Herodes del Congreso, que algunos suponen preservan el interés nacional (por cierto, urge modernizar, también, el Muro de Honor de San Lázaro. Por ejemplo: La Patria es Primero por La Plata es Primero; Lázaro Cárdenas del Río por Enrique Peña Nieto; A los Defensores de Veracruz 1914 por A los Defensores de la Privatización 2014; UNAM e IPN por Universidad Anáhuac e ITAM, y así por el estilo; se aceptan propuestas; consultar.

Largo tramo el recorrido por los seis padres modernizadores. Caminaron desde Harvard y Yale (algún despistado por la Panamericana) hasta concretar el objetivo que les marcó el Consenso de Washington: un barril posado sobre una trasnacional y desgarrando un cable de energía eléctrica. Les llevó 32 años y el sacrificio no sólo de los mexicanos (61 millones de ellos en pobreza) sino de más de mil entidades paraestatales, todo en aras de la modernidad, el progreso y el bienestar colectivo, que si bien a estas alturas brillan por su ausencia algún día se materializarán, según la promesa recurrente. La patria agradecida les rinde tributo.

Todo comenzó a finales de 1982, con la reordenación de las empresas propiedad de la nación mandatada por Miguel de la Madrid, en el entendido –según dijo– que la nueva generación de tecnócratas modernos (en los puestos de dirección se ha designado a profesionales y técnicos experimentados, evitando improvisaciones que han significado una onerosa carga para el pueblo de México) prefería un Estado fuerte y eficiente y no un Estado obeso e incapaz (MMH, primer Informe de gobierno). El primer padre modernizador recibió mil 155 entidades paraestatales, y 32 años después (justo antes de la promulgación de las citadas leyes secundarias) sólo restan 75 empresas, y descontando, de participación estatal mayoritaria (siete de ellas en proceso de desincorporación), que incluyen a las subsidiarias de Pemex, la banca de desarrollo, las administradoras portuarias integrales, a los centros de investigación de Conacyt y Fonatur (a partir de las 11 horas de hoy Pemex y CFE dejan de ser entidades paraestatales).

Dijo el primer padre modernizador que sólo se desincorporarían las empresas no estratégicas, y por lo mismo la primera que se vendió, a la CTM, fue una fábrica de bicicletas. Pero se siguió de largo, al igual que sus sucesores. Para ellos todo dejó de ser estratégico: acero, minas, banca, astilleros, líneas aéreas, cemento, abasto popular, ferrocarriles, carreteras, satélites, petroquímica, telecomunicaciones, gas y lo que se quede en el tintero, hasta llegar a la meta: petróleo y electricidad.

¿Y todo para qué? El discurso oficial (de MMH a EPN) es el mismo: liberar recursos del Estado para dar prioridad al desarrollo, atender a la población de menores ingresos, combatir las urgencias sociales, elevar el nivel de bienestar de los mexicanos y, desde luego, hacer de México, Sociedad Anónima, un país moderno, próspero y justo.

Es necesario contextualizar todo esto: independientemente de los 61 millones de pobres, el raquítico crecimiento económico registrado, el nulo desarrollo observado, la creciente concentración del ingreso y la riqueza, y los miserables salarios, entre tantas otras gracias, a lo largo del proceso modernizador, próspero y justo, de las arcas nacionales han salido muchísimos más recursos para rescatar y sanear las empresas privatizadas por el gobierno, que los dineros que éste recibió por la venta al capital privado de esas mismas empresas (como muestra allí está el rescate bancario: ingresaron alrededor de 12 mil millones de dólares por su reprivatización, y los mexicanos terminarán pagando más de 100 mil millones de billetes verdes por su rescate, y la banca ni siquiera es nacional).

Lo anterior sin considerar los generosos descuentos autorizados, los precios de ganga ni la asunción de pasivos a la hora de vender paraestatales como Altos Hornos de México (empresa privada que el gobierno estatizó para luego reprivatizar) y Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, o quebrarlas como en el caso de Fundidora Monterrey. O los pasivos laborales de Ferrocarriles Nacionales de México (ahora los de Pemex y CFE), para que la empresa quedara limpia en beneficio de Germán Larrea, TMM y Kansas City Southern. O las carreteras concesionadas por Salinas y rescatadas por Zedillo para que Fox, sin más, las regresara a los concesionarios originales (el rescate carretero mantiene pasivos superiores a 150 mil millones de pesos, obviamente a cargo de los mexicanos).

En fin, hoy concluye la venta de garaje (sin que ello impida que la aplanadora privatizadora siga por otras vertientes) en la que cada uno de los seis padres modernizadores aportó lo suyo en este generoso programa de apartheid económico, que a los mexicanos les ha costado sangre, sudor, lágrimas, más 32 años adicionales de subdesarrollo, sin que sea la cuenta final.

¿Qué escucharán los mexicanos cuando, una vez firmado el decreto respectivo, Enrique Peña Nieto difunda su mensaje a la nación para dar cuenta del triunfo alcanzado? En términos llanos dirá que los padres modernizadores tomaron medidas dolorosas, pero necesarias; que tardaron pero arrasaron, y al que no le guste que con sus redes sociales se lo coma, porque a este país moderno, próspero y, sobre todo, "justo, nadie lo para. Y por enésima ocasión, en la promulgación de la enésima reforma, una vez más escucharán la sobada promesa de que ahora sí, me cae, se los juro por esta, de que los habitantes de esta República de discursos irán directa y vertiginosamente al paraíso.

Las rebanadas del pastel

Lo mejor del caso es que a la mitad de su mandato (tercer Informe de gobierno) José López Portillo aseguraba que modernizar al país es terminar nuestra descolonización. ¡Sí, chucha!

Twitter: @cafevega

D.R.: cfvmexico_sa@hotmail.com


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