Carlos Fernández-Vega: México SA

Written By Unknown on Rabu, 25 Februari 2015 | 14.21

E

l inquilino de Los Pinos y su gabinetazo ya no sienten lo duro sino lo tupido. Su barco zozobra y, además, les llueve por todos lados: adentro y afuera; arriba y abajo; política, económica y socialmente; en la entrega de los Oscar y, por si faltara algo, por interpósita persona, hasta el Altísimo ya metió la mano (un bombón para ellos que son tan creyentes).

En la calle, pues. Se lo han ganado a pulso, y las tuberías que aún no han roto no tardan en reventar. No tienen idea de cómo achicar la embarcación, y en su pretensión de tapar las fugas lo único que logran es hacerlas de mayor proporción. Qué bueno que desde tiempos de la campaña electoral aclararon que nosotros sí sabemos cómo gobernar.

Más de un paraguas de dimensiones monumentales requiere la administración peñanietista, y si no le resultó suficientemente devastador el obús de Alejandro González Iñárritu (ruego que podamos encontrar y tener el gobierno que nos merecemos), el Papa Francisco brincó a la palestra y le hizo segunda (en México la cosa es de terror y, en materia de narcotráfico, deseó que Argentina se encuentre a tiempo de evitar la mexicanización), más los numerosos pronunciamientos de aquí y allá en torno a la circunstancia nacional.

Como acostumbra, para el acuse de recibo el inquilino de Los Pinos utilizó la técnica de la negación: en nuestro país el gobierno trabaja para que cada mexicano tenga la posibilidad de escribir su propia historia de éxito y construir una vida, sembrar las mejores condiciones y un sendero de triunfo, mientras su partido con ideología de plastilina, amoldable a lo que se ofrezca, aseguró que es un hecho que más que merecerlo estamos construyendo un mejor gobierno. Y se quedaron tan frescos.

Quien debe sentir nostalgia por las trincheras del sector financiero es el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, quien dedica más tiempo a intentar detener los bombazos de los medios de comunicación internacionales y de personalidades en el extranjero que en afinar la política exterior del país. Así, ayer reveló que por el dolor y la preocupación causados por los comentarios del Papa Francisco, el gobierno mexicano enviará una nota diplomática al Vaticano, pues el narcotráfico no es exclusivo de esta República de discursos, al tiempo que el titular de Gobernación presume descensos en los índices de inseguridad, mientras ruedan cabezas por la geografía nacional.

La economía se desploma y reporta el menor ritmo en cinco lustros; los únicos frutos tangibles de las reformas son la pérdida de empleadores (cierre de unidades económicas) y empleos formales; masivamente se exportan capitales; se hunde el precio petrolero y, un día sí y el siguiente también, es menor la producción y exportación del oro negro (10 por ciento desde la llegada de Enrique Peña Nieto); se recorta el presupuesto, especialmente el de Pemex en áreas de inversión; se devalúa el peso y tantas otras desgracias, y al ministro del año no se le ocurre mejor idea que negar lo innegable y presumir que lo importante es que se está acelerando el crecimiento.

El secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, habla maravillas de la reforma laboral, porque ha reducido sustancialmente la informalidad, mientras la Organización Internacional del Trabajo advierte que México es uno de los cinco países latinoamericanos con las mayores tasas de informalidad del continente. En nuestro país, ante la crisis y la falta de empleo formal, se multiplican día con día los puestos de venta callejera; cada vez más ciudadanos inician negocios en sus domicilios y un número creciente de personas desempleadas ofrecen sus servicios por cuenta propia y deambulan vendiendo productos o los ofrecen a sus familiares y amigos; en México, 77.8 por ciento de los trabajadores de la construcción son informales, así como 65.5 por ciento de quienes laboran en restaurantes y hoteles, 41.5 de quienes se desempeñan en la industria manufacturera, 16.7 de los que están en la explotación de minas y canteras y 54.8 por ciento de los trabajadores del rubro del transporte (La Jornada, Patricia Muñoz).

Como reporta una profunda crisis de credibilidad –si es que en realidad alguien, algún día, le creyó–, el gobierno peñanietista pasó los trastes de la comunicación y el convencimiento a los organismos cúpula del sector privado, y son estos quienes se pronuncian y deciden sobre el acontecer nacional y las exigencias ciudadanas, en el supuesto de que así sortearán los problemas. Por ello no fue el inquilino de Los Pinos y mucho menos el general secretario los que respondieron a la demanda ciudadana de abrir los cuarteles. Fue el presidente de la Concanaco, Enrique Solana Sentíes, quien decidió no atender tal exigencia (por ningún motivo permitiremos que se metan en los cuarteles), al tiempo que aseguró no tener el menor indicio de que el Ejército pudiera haber participado en la desaparición de los estudiantes. Poco después, Enrique Peña Nieto y el general Cienfuegos repitieron el estribillo.

No fue el secretario de Educación, Emilio Chuayffet, quien salió a reclamar a los maestros, sino el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani (los acusó de tomar el presupuesto como un botín). Tampoco autoridad alguna brincó para reclamar al grueso de los consejeros del Instituto Nacional Electoral por su actitud abiertamente entreguista a los intereses de un partido político (casualmente el de Peña Nieto) y su aparatito (de color verde, que nadie se atreve a meter al orden), y mucho menos para corregir desvíos y excesos del organismo, sino el propio Gutiérrez Candiani, quien se asumió como el factótum electoral al refrendar el compromiso del sector empresarial con la construcción de la democracia en México, de cara al presente y al futuro; seguiremos siendo un agente facilitador de equilibrios económicos, políticos y sociales, cerrando filas ante el objetivo estratégico que nos fijamos de impulsar fuertemente el desarrollo del marco institucional del Estado mexicano y la vigencia de la legalidad en todos los ámbitos de la vida pública y de la interacción social. Es de suponer que lo hará como en 2006.

En fin, la negación y el desorden no corrigen problema alguno, no achican la embarcación, ni generan bienestar, salvo para quienes en aguas revueltas se dedican a pescar.

Las rebanadas del pastel

El precio de la mezcla de exportación cayó 2.3 dólares y el barril se vendió a 47.27, mientras el tipo de cambio –al igual que el gobierno– no siente lo duro sino lo tupido. Ayer 15.37 bilimbiques por billete verde.

cfvmexico_sa@hotmail.com


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